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Compartimos una hermosa nota

April 28, 2016

Compartimos con ustedes esta hermosa nota de "No me callo nada".
Gracias, Christopher Irusta.


FUENTE ORIGINAL: http://www.nomecallonada.com/el-que-cuida-con-el-sigilo-del-puma-pumakawa/

 

  • Realidad

El que cuida con el sigilo del puma: Pumakawa

 

23 abril, 2016

by Christopher Irusta

11 min read

 

 

Fotos: Gentileza de Pumakawa

Ellos son los maestros,  aunque no tengan el lenguaje más claro para impartir enseñanzas. Algunos no tienen el mejor de los temperamentos, y lo hacen saber si así lo desean. No es fácil seguirles el ritmo porque es un  curso acelerado o, más bien, un curso urgente. Las enseñanzas que deja su comportamiento  parecen aleatorias, por lo que el plano de aprendizaje no es de los más comunes; de hecho, entrar a ese plano es todo un proceso, y, generalmente, la posibilidad de hacerlo está condicionada por el carácter de la persona: las bases que debe  traer el alumno no son tanto teóricas como instintivas.

La alumna estrella es Kai Pacha, la presidenta de la reserva natural Pumakawa. Es un poco tímida y reservada, pero habla con precisión como quien lleva años definiendo y puliendo las formas y objetivos de su trabajo y de la fundación que lleva adelante. Tiene una voz muy serena, casi como labrada en el corazón del bosque nativo. Su distinguida profesora es Cacuma, o “Cacu”,  una puma de 15 años que le enseña los secretos del monte y sus cuidados necesarios. Cacuma muchas veces la escucha y le aconseja qué caminos debe tomar en el día a día.

 

Pumakawa – Fauna

La “Cacu” observa la entrevista recostada en el césped de su habitáculo próximo a la entrada de la reserva. No pasó por las mejores en su vida, pero siempre encontró la cura en las manos de sus cuidadores, entre ellos, Kai Pacha. Se quebró debido a una insuficiencia de calcio por la falta de consumo de leche materna durante su crecimiento. Luego, dejó de caminar; pero la invención de aparatos, los ejercicios y masajes constantes, le permitieron sanar. También perdió la visión por un error en la preparación de la leche para su alimentación, pero una consulta con una oftalmóloga (que no esperaba, en principio, que su paciente fuera una puma) la ayudó a recuperarse. No está permitido por la Secretaría de Ambiente de Córdoba que un puma en cautiverio permanezca con alguna discapacidad (mucho menos ciego), por lo que se exigió el sacrificio de la “Cacu”. La persistencia y, principalmente, el cariño, que es uno de los emblemas de Pumakawa para con la fauna que tiene bajo su cuidado, la salvaron de todas las dificultades.

Historias como de la “Cacu” hay muchas en Pumakawa, y es importante conocerlas porque es el vehículo más rápido para entender la importancia de la conservación de la fauna silvestre –de hecho, esas historias fueron el principal motivo que me movió a contactar con Kai Pacha, y se convirtieron en el eje de la conversación-. En este sentido, todo se encuentra en el orden de las emociones, tanto en el que trabaja en la reserva como en el que la visita, pero ya vamos a volver a eso.

Ahora, los “bichos” –para rescatar el apelativo cariñoso que utiliza Kai Pacha- que se encuentran en la reserva, no están en cautiverio porque sí: están ahí porque ya no pueden ser libres, ya no tienen las capacidades para ser devueltos al monte. Unos ya no recuerdan cómo funciona la naturaleza, y otros nunca la conocieron. Al pasar por situaciones de mascotismo y/o al haber perdido sus principales herramientas como el vuelo, dejaron de tener esas cualidades que los hacía animales, que les hace saber de qué manera viven. Cazar, alimentarse, volar, son capacidades y destrezas que ya no poseen.

Algunos animales regresaron a su hábitat natural; gracias a los esfuerzos de la reserva pudieron regresar a cumplir su rol en el ecosistema, y éste es el principal esfuerzo que se realiza en Pumakawa cuando arriba un nuevo visitante silvestre.

 

 

Hugo

— Hay un punto en general—me explica Kai Pacha—: que siempre tratamos de que se salve, ¿no? Hemos superado en varias ocasiones el diagnóstico de eutanasia porque hemos visto en el animal ganas de vivir, y nos hemos puesto, y los tenemos bien. (…) Primero tenemos que hacer una cuarentena obligatoria, ¿no? Que es, por un lado, aparte porque [sic] este animal puede traer alguna cosa que contagie a los demás. Pero en esa cuarentena, que es como de prevención y, bueno, y aparte es reglamentaria, como que vas conociendo la onda del animal. Sea una rapaz, sea lo que sea, vos ves si tiene ganas de vivir, si no tiene ganas; bueno, es una lectura que tiene un margen de error grandísimo porque es una intuición o una observación. (…) Por ejemplo, ahora tenemos un carancho que tiene la pata soldada mal, y a veces es mucho mayor el estrés de tratar de solucionar los problemas, [a] que se adapte a esa dificultad y que viva lo mejor posible acá. (…) En otros casos, una lechuza que vino de pichón, pero sanita; entonces, la criamos en un lugar que no tenga mucha relación con nosotros, y la liberamos.

Los que quedan en la reserva cambian de rol: enseñar. Cada “bicho” enseña cosas distintas a los visitantes que arriban y al personal de Pumakawa; desde las anécdotas o desde los estados anímicos de cada uno enseñan los problemas que afronta el monte, o cómo necesitan ser asistidos cuando su vida corre peligro.

Moro es un águila mora de 25 años. La posición que asume en la foto que nos facilitó Pumakawa se acerca a una representación pictográfica de un ave mitológica, y es que su majestuosidad no es poca cosa. Sin embargo, Moro había recibido un balazo en un ala unos años antes de que Kai Pacha se encontrara con él en el Hospital del Zoológico de Córdoba. De allí logró trasladarlo hace unos 10 años. Había perdido la capacidad de volar.

 

 

Moro

— Lo miré a Moro y digo, bueno, quizá si me pongo las pilas y me pongo a averiguar, y si le logramos salvar el ala—, me cuenta Kai Pacha.

Moro llegó a Pumakawa para recuperar su vuelo, pero los músculos del ala que había recibido el balazo estaban muy atrofiados. La manera de ayudarlo era a través de un tratamiento que consistía en volver a quebrar el ala, me explicó Kai Pacha, y la duración era de un año. Sin embargo, se desistió de aplicar el tratamiento porque era muy grande el posible estrés al que Moro iba a ser sometido, y eran mayores las probabilidades de que perdiera la vida durante el mismo que devolverlo al aire.

—La única alegría que tengo en haberlo traído —cuenta Kai Pacha sobre Moro— fue que antes Moro estaba fuera del público; estaba en el hospital fuera del público. Acá creo que Moro ha podido dar un mensaje a muchísimas personas. Capaz que acá hay menos afluencia de gente, es menos estrés para el animal porque son menos los visitantes que vienen. (…) Viste cuando decís, bueno, “la hondera, ah, la hondera no es del todo buena”. No es un juego, es un arma. Muchos se han preguntado, se han cuestionado eso al saber la historia de Moro, ¿no? Porque semejante bicho con el semejante poder de volar, y que no pueda volar es como para que la gente quede un minuto ahí, ¿no?, pensando.

 

Pumakawa – Flora

Todos los años Córdoba sufre los embates de la temporada de lluvia. Se pierden vidas humanas, hogares, trabajos y alimentos. Las inundaciones de febrero de este año, y la destrucción que dejaron a su paso, se repetirán el año próximo, el próximo, y así sucesivamente, como viene sucediendo casi de manera religiosa en los últimos años. Y continuará así hasta tanto se sigan ignorando las alteraciones que ha generado la deforestación en el ecosistema local. En la Provincia sobrevive menos del 5% del bosque nativo[1] cubriendo un espacio cercano a las 500.000 hectáreas. Al mismo tiempo que afecta al clima y a nosotros, afecta a la fauna silvestre que ve reducidos sus espacios de reproducción y alimentación.

Por estas condiciones que afectan a todos por igual, Pumakawa lleva a cabo, también, tareas de concientización y reforestación. La reserva posee el único banco de semillas nativas de la Provincia desde el cuál se provee a distintas instituciones (educativas principalmente) para el desarrollo de plantines[2].

 

Titán

Trabajar desde el afecto y la perseverancia

No hay academia en Pumakawa: los conocimientos que llevan consigo los integrantes de la reserva, así como los voluntarios que llegan, no provienen, generalmente, de un título de grado. Todo lo que se aprendió y se sabe hacer viene de la perseverancia y la entrega incondicional a la vida de los animales que logran liberar y, sobre todo, de los que se conservan en el lugar.

—No es muy profesional, digamos, cómo nos manejamos en relación al tratamiento del animal —me cuenta Kai Pacha—, porque más vale que hay millones de técnicas y de tratamientos, pero, bueno, la nuestra es bastante emocional, también, intuitiva. Y creemos en esas cosas; yo creo en la conexión con los animales. Creo también en un gran porcentaje de posibilidad de conexión [a la] que no estamos habilitados; estamos como cerrados. Incluso yo, hoy después de tantos años, siento que todavía tengo un montón que abrir: abrirme y entregarme a poder conectarme con los animales.

Es un plano distinto, y se refleja en los resultados. Las formas de comunicación con los “bichos” y la relación que se entabla con ellos, construyen un puente alternativo que pasa por lo afectivo. Por supuesto, no es una metodología que se aplique indistintamente, porque el caso es distinto para los animales que se buscan liberar. No pasa por convertirlos en mascotas -de hecho, Kai Pacha dice que la relación está un poco invertida, sonriendo-, sino en aplicar una herramienta que ayuda a la detección de los estados de ánimo y de salud del animal. En este sentido, aplicar una distancia profesional no va a traer mejores resultados que el cariño. No me caben dudas de que en Pumakawa conocen las mañas y personalidad de cada uno de los bichos que están a su cuidado, y esto producto de la relación que entablan con ellos. Y es por medio de esta construcción afectiva que se es capaz en la reserva de salvar la vida de un animal que corre algún peligro. Moro, por ejemplo, una vez dejó de alimentarse sin un motivo aparente, y fue necesaria la empatía para llegar a la solución: una presa viva que le sacuda el letargo.

 

 

No siempre es fácil. —Vos tomálo como que los animales que llegan están condenados; los sacas o no de la condena. Si podes, lo sacas; cuando llegan a vos, ya están condenados— le dijo en cierta ocasión un amigo de Kai Pacha a ella. Un animal de la reserva había fallecido, y nunca es fácil dejarlo pasar cuando el afecto y la responsabilidad están presentes. Kai Pacha, abatida y con miles de dudas, recibió esa respuesta, casi de índole existencialista, que en buena medida la ayudó a recuperarse.

Cierre

“Pumakawa” es un vocablo aborigen que significa “el que cuida con el sigilo del puma”, y es en estas pequeñas actividades que se llevan a cabo y en la simplicidad de las personas que están involucradas en la reserva, donde uno encuentra plasmada la definición; también está en la pequeña inspiración que deja a los visitantes que escuchan y leen las historias de “Cacu”, Moro y muchos otros más.

Actualmente, Pumakawa busca construir una sala de enfermería para los bichos que llegan y los que están. Se llevan a cabo distintas actividades de recreación para sumar recursos, junto al financiamiento que proviene de donaciones y de apadrinamientos.

Los invitamos a visitar la reserva en Villa Rumipal, Córdoba, y a conocer las historias de los bichos de Pumakawa. Y, por supuesto, no dejen de escuchar la entrevista a Kai Pacha.

 

 

Audios

 

http://www.nomecallonada.com/wp-content/uploads/2016/04/pumak1.mp3

 

 

http://www.nomecallonada.com/wp-content/uploads/2016/04/pumak2.mp3

 

 

 

 

 

[1] Por bosque nativo se entiende a aquellas especies que pertenecen originalmente al ecosistema de la Provincia, y no a las especies actualmente invasoras que también son capaces de alterar el funcionamiento del mismo.

[2] En 2011 Pumakawa distribuyó de medio millón de semillas de 12 especies nativas. Hoy día se han incluido 20 especies más en las tareas de recolección.

 

 

Malvinas

 

 

About the author
Christopher Irusta

Irusta, Christopher. Nacido el 14 de Mayo de 1989 en la Ciudad de San Luis. Estudiante de Licenciatura en Historia en la Universidad Nacional de Córdoba. Se anima a tocar la guitarra, pero lejos de los fogones por carecer de vocación en la filosofía de la música popular. Goza con su obsesión innecesaria de escribir mensajes de texto con el signo de punto y coma. Un libro: Cien Años de Soledad. Una canción: Libertango. Algo: Nomecallonada. Contacto: christopher.irusta@gmail.com

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